viernes, 22 de octubre de 2010

La telebasura. Un peligroso modo de comunicar.

Esto que os dejo aquí es un trabajo que hice para la clase de Retórica. Es un discurso argumentativo que me gustó como quedó y me apetece compartirlo. Allá va:

Telebasura. Un peligroso modo de comunicar


El tema del que me dispongo a hablaros es el del fenómeno de la Telebasura. De cómo la sociedad alimenta ésta clase de programas. Cómo los medios de comunicación centran sus esfuerzos en ofrecernos las mayores desgracias y como hay gente dispuesta a vender sus vidas por dinero.

El ejemplo más claro y actual es el de Belén Esteban. Una mujer a la que muchos programas de televisión dedican la mayor parte de su tiempo, hasta tal punto de emitir un documental sobre su vida. Como si las vivencias de una persona, cuyo mayor mérito ha sido tener una hija con un torero, fueran tan importantes como para realizar un documental. En el reportaje, el periodista Enric Sopena comparó a esta mujer con Evita Perón, política argentina que luchó por el sufragio femenino y que realizó una gran labor social. ¿Cómo se puede tener el valor de comparar a una figura histórica con un personaje sin mérito alguno?
Gran parte de todo éste fenómeno es culpa de los cerca de tres millones de personas que siguen a ésta mujer a diario. Porque al fin y al cabo, son esos millones los que animan a las cadenas a explotar el tema.
Pero por desgracia éste no es el único ejemplo. La parrilla televisiva está repleta de programas que se nutren del morbo. La televisión ya no ofrece un entretenimiento sano o una información trascendental.
Ahora más de tres cuartas partes de los programas de televisión se centran en emitir desgracias ajenas, parece como si la línea entre lo que puede ser de dominio público y lo privado se hubiera desvanecido, ya no hay límites con tal de conseguir audiencia, porque la audiencia es lo que hace duraderos los programas, sin audiencia, no tienen futuro. El ejemplo más reciente y alarmante es el de la británica Jade Goody, ex concursante del Gran Hermano británico, a la que se diagnosticó un cáncer terminal y que cobró un millón de libras de una cadena de televisión para que el canal retransmitiera en directo su muerte. La mujer dijo que destinaría ése dinero para que sus hijos tuvieran la educación que ella no pudo recibir. Un deseo respetable. Lo más horrible no es que una mujer comercie con el fin de sus días, lo que es más repugnante es que haya alguien con tan pocos escrúpulos como para aceptar la oferta y emitir las imágenes.

¿De qué manera está decayendo la sociedad para que una cadena de televisión pueda hacer semejante aberración? ¿Cómo puede haber gente que apoye éstas iniciativas? Como ya he dicho, gran parte de la culpa recae sobre nosotros. Por ver esos programas, por hacer posible que se sigan emitiendo. Nosotros, que somos el futuro de la comunicación, deberemos tratar de acabar con éstas prácticas amorales.

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